Fístula anal, ¿qué es?

Una conexión anómala que se produce entre dos partes del cuerpo, ya sea entre dos vasos sanguíneos, una arteria o una vena, entre dos órganos, etc. es denominada fistula.

Entre los diferentes tipos de fistulas, está la fistula anal en la que esta conexión anómala es una especie de tubo que rodea el ano de forma subcutánea. La fistula anal es relativamente común sobre todo en adultos, con más frecuencia en varones. Cuando está asociada a enfermedades inflamatorias como la de Crohn también se manifiesta en niños.

En la fístula perianal, por regla general, existe en la piel del ano un orificio externo y dentro del recto uno interno comunicados entre sí, aunque también hay manifestaciones complejas en las que no se comunican ambos orificios y que se denominan como trayectos fistulosos complejos.

TIPOS DE FÍSTULAS ANALES

En función de su localización y de la cantidad de musculo esfinteriano afectado, podríamos clasificarlas en:

Superficiales, que pueden estar causadas por la enfermedad de Crohn o por un tipo de intervención, como la esfinterectomia o la hemorroidectomia.  En este tipo la fistula no cruza ni el esfínter externo ni el interno.

Transesfinterianas, son aquellas en las que la fistula se dirige hacia la zona comprendida entre la piel perianal y el canal anal, a través de los esfínteres externo e interno.

Interesfinterianas, que pueden extenderse tanto en sentido descendente hacia la piel perianal, como en sentido ascendente, también llamado ciego, o, proyectarse hacia el recto. Suelen estar limitadas al esfínter interno.

Extraesfinterianas, es  uno de los tipos de fistulas que presenta más dificultades para su tratamiento. Su trayectoria pasa a través de la fosa isquiorrectal y el musculo elevador del ano, evitando el canal anal y el esfínter y desemboca en el recto.

Supraesfinterianas, que en su trayectoria cruzan el esfínter interno y bordean el externo en sentido ascendente, por encima del musculo puborrectal, siguiendo después un recorrido en sentido descendente hacia la fosa isquioanal y desembocando en la piel.

SINTOMATOLOGÍA

Desde un punto de vista amplio, una fistula anal  puede estar provocada por algún tipo de herida, una lesión postquirúrgica, una infección o una inflamación.

Un alto porcentaje de los casos de aparición de una fistula anal, suelen asociarse con la obstrucción de una glándula. Si la secreción de las glándulas anales no encuentra una vía de salida, existen muchas probabilidades de que las bacterias entéricas provoquen una infección en un corto espacio de tiempo. Acto seguido comenzará a producirse pus que se acumulara formándose un absceso que, por regla general acabara por drenarse en algún punto del ano.

Los síntomas  pueden manifestarse en forma de molestias leves, picor o escozor o como un dolor intenso y agudo en el momento del paso de las heces por la zona; dolor que puede prolongarse durante horas, acompañado en ocasiones de un ligero sangrado y cantidades pequeñas de pus.  Si la fistula se encuentra en alguna zona alejada del ano, puede presentar un cuadro prácticamente asintomático.

PREVENCIÓN

Para prevenir la aparición de una fistula anal, lo ideal es observar una correcta practica de higiene de la zona anal, hacer ejercicio en la dosis adecuada a las características de cada persona, evitando así el sedentarismo y mantener una dieta alimenticia equilibrada para facilitar el tránsito intestinal.

Cuando se detecte dolor anal y/o manchado en la ropa interior, es importante consultar con un médico, con la finalidad evitar que, si se trata de un absceso, este evolucione convirtiéndose en una fistula.

TRATAMIENTO

El único tratamiento eficaz de la fistula anal es la intervención quirúrgica, cuya finalidad es la eliminación definitiva de la fistula; la corrección de las alteraciones que fruto de la misma se hayan podido manifestar, sin que quede comprometida la función de continencia anal y, la desaparición de las molestias asociadas a la misma, dolor, supuración, inflamación, etc.

Dependiendo del tipo de fistula y sus características, se podrá realizara un tipo determinado de intervención:

Sedal o Seton, técnica quirúrgica de la que existen tres variantes, aplicándose uno u otra en función del objetivo perseguido con la intervención.

Seton cortante, cuyo objetivo es la eliminación de la fistula y, se practica pasando a través de ella una seda quirúrgica, apretándola progresivamente para que seccione el esfínter con un ritmo temporal que permita la cicatrización.

Setón de drenaje, cuya finalidad es la de drenar el pus o detritus de la fistula, evitando la aparición de un nuevo absceso. La seda se coloca a través de la fistula, una vez completado el drenaje.

Setón guía, tiene como finalidad mantener permeable el trayecto fistuloso hasta que se pueda practicar una intervención definitiva. Suele utilizarse en pacientes con abscesos perianales de repetición, en los que el punto donde se hallaba el absceso no es identificable, por no existir secuelas del trayecto fistuloso.

Fistulotomía, que se realiza abriendo y vaciando el trayecto fistuloso.

Fistulectomia, que implica la extirpación completa del trayecto fistuloso.

La intervención quirúrgica de las fistulas anales, al igual que todo tipo de intervención quirúrgica, es susceptible de que se presenten complicaciones menores, tales como sangrado e infección de la herida, retención de orina; inflamación, dolor, etc.

Es mucho menos probable que aparezcan complicaciones mayores que tienen una incidencia porcentual variable, en función del tipo de fistula, de la existencia de enfermedades previas y del tipo de técnica empleada.

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