Entrevistas

De Enfermera por el Mundo a Coach Sanitario Superior

Hoy os traigo una historia muy especial de una Enfermera por el Mundo española que decidió marcharse a Italia a desarrollarse profesionalmente y acabó convirtiéndose en Coach de Inteligencia Emocional para Sanitarios.

Anna Gómez es otra valiente que vivió en primera persona el poder transformador del desarrollo profesional en el extranjero y las grandes oportunidades que ello te ofrece.

Sin más, os dejo con el artículo que ha escrito ella misma para Enfermeros por el Mundo:

Mi nombre se lo debo a Italia.

Hola, soy Anna Gómez. Soy Enfermera y Coach especializada en Inteligencia Emocional para el desarrollo de Equipos Sanitarios de Alto Rendimiento.

Motivo el crecimiento personal de los profesionales sanitarios, a los que ayudo a superar todos los obstáculos que se interponen entre ellos y la vida placentera que sueñan vivir.

Pero, sobre todo, y por encima de todo, soy una enfermera por el mundo.

Te explicaré por qué digo esto.

Cuando terminé mis estudios de enfermería en el año 2000, encontrar trabajo parecía difícil en Madrid.

En realidad, yo he tenido mucha suerte y nunca he dejado de trabajar, pero en aquel momento sí parecía que trabajar seguido sería un reto bastante complicado de realizar.

Pero no fue así. Italia me trajo suerte.

Cuando terminé mi carrera, recuerdo que yo era una jovencísima enfermera repleta de miedos.

En mi primera suplencia, que conseguí tan sólo quince días después de graduarme, me temblaban las piernas. Y las manos. Y el cuerpo entero. Pero sobre todo me temblaba el alma.

Cada día en el hospital yo me preguntaba qué estaba haciendo allí y me repetía a mí misma que estaba segura de que me había equivocado de profesión.

Y todo esto lo decía cada poro de mi piel. El miedo se había apoderado de mí, y la ilusión y el amor hacia mi profesión corrían un serio peligro de abandono.

Pero aquella primera suplencia fue superada, y debo decir que con creces, por todas mis expectativas.

Después de dos meses sin tirar la toalla, aquel primer trabajo me hizo descubrir dentro de mí un amor muy grande y muy profundo por todo lo que yo estaba haciendo en este mundo siendo enfermera.

Pero el contrato se terminó y yo no quería dejar de trabajar.

Además, mis posibilidades económicas no me lo permitían, y los escasos recursos de mis padres ya estaban prácticamente agotados.

Por tanto, debía encontrar un trabajo, y no estaba dispuesta a rendirme. Y aquí fue cómo dejé de llamarme Ana para convertirme en Anna.

Desde que vi el cartel en la pared, aquella oferta de trabajo en Italia me resonaba en el cerebro una y otra vez. Era un pensamiento que iba y venía día tras día.

Lo consideraba una auténtica locura porque yo no me creía capaz de dejarlo todo para dejar mis raíces para trabajar en el extranjero.

Pero otras raíces estaban por crecer.

Las ramas de mi árbol interior se extendían hasta llegar muy lejos, hasta la mismísima Lombardía. Depositándome cuidadosamente allí después de un vuelo en avión que realicé prácticamente aturdida entre mis temores a lo desconocido y mi ilusión por haber encontrado un buen trabajo.

La visión de la cumbre de los Alpes nevados siempre la voy a recordar.

La belleza más pura vista desde el cielo auguraba un periodo de mi vida que sería muy relevante y precioso.

Aunque para ser sincera, jamás pude imaginar que llegaría a serlo tanto.

El trabajo en Italia fue mágico. De hecho mis miedos volvieron a presentarse y querían apoderarse de mí, pero en realidad no les dejé y pasé de casi salir corriendo la primera semana a no querer irme nunca.

En Italia, estuve trabajando en el Lago di Como la primera vez, y en Bérgamo la segunda.

La llegada y la resolución del papeleo burocrático para legalizar mi situación como residente en el país fueron sencillas, en cierto modo.

Desde la dirección del mismo hospital se nos facilitaba a todos los españoles que fuimos a trabajar la ayuda necesaria para solucionarlo todo en poco tiempo.

Fue increíble llegar mi primer día de trabajo y no entender ni una sola palabra.

Yo me había preocupado de dar algunas clases de italiano en Madrid antes de viajar, pero la verdad es que pude comprobar que no me sirvieron de nada.

Recuerdo a mi supervisor, el señor Fumagalli, preguntarme: ¿Sei pronta? – ¿Estás preparada?

Yo no supe qué responder porque no le entendía.

Me quedé pasmada mirándole a la cara y creo que él debió pensar por dentro que había hecho un mal fichaje. Pero ya no había vuelta atrás…o, ¿sí la había?

En menos de una semana empecé a moverlo todo para irme de allí.

No entendía nada y los pacientes me daban miedo porque era un hospital psiquiátrico.

Los pacientes me gritaban, con lo que yo creía que eran aullidos incoherentes debido a su estado mental, o simplemente alaridos como en una película de terror.

Me sentía horrorizada.

Sin embargo, al tiempo pude darme cuenta de que mis especiales pacientes tan sólo gritaban algunas veces. Y que simplemente lo hacían utilizando un precioso idioma que poco a poco pude llegar, primero a comprender, y después a amar.

Todos mis recuerdos de Italia como enfermera son inolvidables y preciosos. La experiencia fue tremendamente enriquecedora.

A nivel profesional, pude gozar de un trabajo que yo no consideraba trabajo, sino placer. Y a nivel personal significó un antes y un después en mi vida.

Se rompieron para siempre las barreras mentales del miedo, la visión tan estrecha de lo que para mí era la vida, y las creencias que me limitaban para poder conseguir mis sueños.

Todo aquello se transformó en valor, fuerza, ilusión, coraje, aprendizaje, pasión y ganas, muchas ganas.

Ganas de ser más enfermera que nunca, ganas de vivir, de ayudar, de cuidar, ganas de viajar, de crecer, de aprender, de comprender y de creer que la vida era mucho más que estar viviendo en un único lugar o en una única ciudad.

La vida es mucho más, y el mundo entero era mi casa y mi hogar para ayudarme por siempre a cuidar y a curar a los que más lo necesitan.

Desapareció para siempre Ana: la enfermera temerosa que creía que se había equivocado de profesión.

Y nació Anna: la Enfermera Coach desarrolladora de Profesionales Sanitarios de Alto Rendimiento.

Anna Gómez

Un antes y un después que llevaré por siempre grabado en mi nombre.

Y que siempre me recordará que hubo un momento en mis días en los que cambió para siempre el sentido de lo que yo había venido a ser en este mundo.

Eso lo descubrí un poquito después de haberme decidido a ser… una enfermera por el mundo.

Gracias, gracias, gracias.

Datos de contacto:

Facebook: Anna Gómez-Coaching Sanitario Superior

Instagram: coachingsanitariosuperior

annagomezcoach@gmail.com

www.coachingsanitariosuperior.com

Mil gracias Anna por compartir tus experiencias. Estoy seguro de que tu historia inspirará a más de un@.

Espero que te haya gustado la historia de Anna. Si es así, compártela en tus redes sociales para que pueda llegar a más personas.

Quién sabe, quizás ayudes a cambiar la vida de alguien =)

1 saludo.

Nelson H. S.

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